Animales “de granja” como alimento, aumentando el riesgo de pandemias

Hay tres aspectos del comportamiento humano que son especialmente devastadores y que aumentan tanto el riesgo de que se produzca una pandemia como la gravedad de sus efectos. En esta ocasión vamos a profundizar en el tercer factor uso de animales de granja para la alimentación en una agricultura intensiva de alta densidad, lo que da lugar a condiciones ideales para la mutación, la propagación y el contagio del virus a los seres humanos y a los animales salvajes.

Ya en nuestros anteriores artículos hemos analizado el primer factor: la destrucción de los ecosistemas y la pérdida de biodiversidad, y el segundo: el uso de animales salvajes para la alimentación, ambos con el resultado de un mayor contacto y propagación del virus hacia los seres humanos y los animales conocidos como de granja.

Los brotes de enfermedades infecciosas transmitidas por animales como el ébola, el SARS, la gripe aviar y ahora la COVID-19, causada por un nuevo coronavirus, están al alza. Con la COVID-19 habiendo emergido muy probablemente de los murciélagos y otros animales salvajes, muchas personas asocian las enfermedades zoonóticas con animales salvajes exóticos. Sin embargo, los eventos de transferencia no solo ocurren entre los animales salvajes y los seres humanos. La intensificación de la ganadería y la acuicultura desempeñan un rol clave e incrementan aún más el riesgo de pandemias zoonóticas. Hacinar grandes cantidades de individuos genéticamente similares en entornos insalubres induce a una salud pobre y a altos niveles de estrés, incrementando seriamente las oportunidades de transferencias patogénicas entre animales salvajes y animales de granja, y, en última instancia, seres humanos.

COMPARTIENDO VIRUS: ANIMALES DE GRANJA COMO INTERMEDIARIOS DE TRANSFERENCIAS ZOONÓTICAS

Hay numerosas evidencias de que las actividades humanas que facilitan el contacto entre diferentes especies animales ha acelerado la selección de virus que son compartidos a través de una variedad de animales anfitriones. Los animales de granja funcionan con frecuencia como una interconexión que facilita la transferencia de los virus hacia, y su subsecuente transmisión entre, los seres humanos. El rol clave de esta vía de transmisión queda ilustrado por el hecho de que los animales domesticados como el ganado son los que comparten el mayor número de virus con los seres humanos. Las enfermedades como la difteria, el sarampión, las paperas, el rotavirus, la viruela y la influenza A tienen su origen en animales domesticados.

La creciente demanda de proteínas animales está acelerando la intensificación de la ganadería

Actualmente, el mundo ha visto un rápido crecimiento y una intensificación masiva de la ganadería, potenciada por un aumento de la de manda global de carne, huevos, lácteos, pescado y marisco. El crecimiento acelerado de la población y unos niveles incrementados de prosperidad han derivado en un apetito creciente por los productos de origen animal, con los pollos y los cerdos en el centro de este desarrollo. 

Nuestra hambre por productos animales: números impresionantes que tienden al alza

A nivel mundial, más de 75 mil millones de animales terrestres son sacrificados para nuestra alimentación cada año. Esto es unas 10 veces más del número total de seres humanos que viven en el planeta. En cualquier momento dado, hay más de 30.000 millones de animales de granja en la Tierra. La gran mayoría de ellos (82 %) son aves de corral como pollos, patos y pavos. Actualmente, el ganado representa un 60 % de toda la biomasa de mamíferos, y estas cifras siguen creciendo. Si bien estas cifras son extraordinariamente altas, dejan a los peces fuera de la ecuación: se estima que la acuicultura suma el sacrificio de 167.000 millones de peces individuales sacrificados cada año. La producción global de carne, huevos, lácteos, pescado y marisco procedente de instalaciones de producción intensiva se prevé que aumente en un 15 % para 2028.

distribución de la biomasa de mamíferos y aves

Maximizando la productividad y el riesgo de propagación de patógenos – alimentando nuestro camino hacia las zoonosis

Junto con las condiciones de crianza fuertemente intensiva, la creación de nuevas especies de vacas, cerdos, pollos y peces más ‘productivas’ han hecho posibles estas elevadas cifras de ganado y han ayudado a maximizar la producción de carne, huevos y leche de cada animal. Esta maximización de la productividad ha puesto en riesgo las especies de ganado a nivel mundial y su diversidad genética, haciéndolas menos resistentes a los cambios medioambientales y a los patógenos. Este acercamiento también ha incrementado radicalmente el número de individuos confinados en entornos de alta densidad. Las condiciones antinaturales y antihigiénicas de la ganadería a gran escala conducen a una salud pobre y a altos niveles de estrés en los animales. La suma de estos elementos hace que los animales de granja sean más susceptibles de sufrir infecciones y, por tanto, ha creado las condiciones perfectas para el surgimiento y la transmisión de enfermedades zoonóticas.

Alta densidad y alta virulencia: lo opuesto de la distancia social

La cercanía insalubre de los individuos en las instalaciones intensivas de alta densidad puede favorecer el desarrollo de una alta virulencia, esto es, la capacidad incrementada de un patógeno de infectar y dañar a un anfitrión. Un ejemplo bien estudiado de la compleja conexión entre la virulencia y la transmisión es el piojo del salmón y su anfitrión. Los piojos originados en el salmón de piscifactoría son más dañinos, p. ej. tienen una mayor virulencia (mayor daño a los tejidos de la piel como indicador de virulencia) que los piojos de los salmones salvajes. Las razones para esto son varias, incluyendo una alta densidad de los anfitriones y una diversidad genética limitada, además de una expectativa de vida reducida de los peces debido a su sacrificio programado, lo que puede causar que los parásitos se adapten a ciclos de vida más cortos.

En condiciones exteriores normales, la alta virulencia es costosa para el virus, ya que matar a sus anfitriones demasiado rápido le impide propagarse si no hay nuevos anfitriones cerca. Este mecanismo de limitación natural es superado, sin embargo, en las condiciones de hacinamiento y falta de higiene de las granjas y las piscifactorías industriales. En ellas, la transmisión del virus, incluso desde animales muy enfermos o muertos a los animales vivos, es mucho más fácil. Constituyendo literalmente lo opuesto de la distancia social, esto hace que la ganadería industrial sea un caldo de cultivo para la evolución de patógenos con una virulencia mayor de la que sería posible de forma natural, e incentiva fuertemente su eventual transmisión.

Los desperdicios de las granjas industriales: esparciendo los patógenos al mundo exterior

Esta situación alarmante se agrava aún más por la pobre gestión de las heces, los desperdicios y el agua en las instalaciones de granjas intensivas, afectando no solo a los animales en esas instalaciones sino también a los que están próximos a ellas. La mera magnitud de la producción de estas instalaciones, incluyendo animales vivos y muertos, excrementos y otros fluidos corporales, hace que resulte efectivamente imposible contener los patógenos. Los protocolos de bioseguridad existentes (si es que siquiera están presentes) poco pueden hacer para cambiar eso. Con la ganadería expandiéndose continuamente y adentrándose en el espacio natural, las posibilidades de un contacto cercano entre los animales domesticados (dentro y fuera de la configuración de las granjas) y los animales salvajes aumentan de forma dramática, al igual que ocurre con el riesgo de los eventos de transferencia zoonótica entre ellos.

Existen diferentes vías de transmisión de enfermedades zoonóticas, incluyendo las partículas de aerosol contaminadas que pueden transmitir virus entre granjas y seres humanos. Por ejemplo, las granjas de cerdos pueden ser una fuente de partículas de aerosol transportadas por el viento. Los patógenos también pueden transportarse con las heces, el polvo, los escombros, el agua, los fluidos respiratorios, la paja y las partículas de pelo. Las partículas más pequeñas pueden mantenerse suspendidas durante periodos largos, facilitando la infectividad de los patógenos.

Más grande, más rápido, más denso: un cambio de paradigma peligroso

Si bien toda forma de ganadería intensifica el surgimiento y la transmisión de las enfermedades zoonóticas, esto es especialmente cierto en el caso de las granjas a gran escala y de alta densidad. Al buscar una ‘optimización’ en términos de productividad y eficiencia económicas, las granjas a pequeña escala con unos pocos animales al aire libre que pastan en los campos son un recuerdo que se desvanece en el pasado.Las investigaciones demuestran que había un riesgo significativamente mayor de brotes de H5N1 en las granjas avícolas de gran escala, comparado con pequeñas granjas domésticas. En Canadá, el H5N1 se transmitió rápidamente, también a través del intercambio de aire entre corrales vecinos. Los sistemas de ventilación de las instalaciones aviarias industriales generaban polvo aerolizado que facilitaba la transmisión del patógeno. Las muestras de aire de un estudio revelaron que las concentraciones de partículas en las granjas industriales eran un millón de veces mayores que en las zonas semirrurales. Dado que se estima que las granjas y las piscifactorías industriales representan más de un 90 % de la producción global de carne y pescado, la trayectoria general apunta hacia un mayor riesgo de brotes zoonóticos en el futuro.

Granjas industriales: incubadoras de zoonosis a escala industrial

La ganadería moderna es muy parecida a una placa de Petri, proporcionando las condiciones perfectas para que emerjan los virus, se transmitan y crucen las barreras entre especies. La transferencia puede ocurrir cuando los virus experimentan cambios genéticos, bien a través de un cambio antigénico (cuando diferentes cepas de un virus se recombinan, un proceso acelerado potencialmente por la proximidad de múltiples anfitriones), o bien a través de una deriva antigénica (cuando se acumulan pequeños cambios en la información genética). Ambos mecanismos pueden derivar en la emergencia de virus que tienen la habilidad de infectar a los seres humanos. Un ejemplo de deriva antigénica es el brote de la gripe española en 1918, que fue una cepa de influenza aviar H1N1 que mutó, probablemente con los cerdos como recipiente de mezcla, y posteriormente se volvió transmisible entre los seres humanos. Un ejemplo de deriva antigénica es la gripe estacional.

Influenza: el clásico entre las enfermedades zoonóticas

Uno de los mejores ejemplos de una enfermedad zoonótica que cambia y muta continuamente y que está conectada con las granjas de animales es el virus de la influenza A (IAV). Si bien este virus ocurre de forma natural entre aves acuáticas de todo el mundo, ciertas cepas de la IAV también tienen lugar en los seres humanos. Esto implica que el virus saltó la barrera de las especies en cierto punto. Si bien hay una conciencia extendida de la amenaza que la IAV representa para la salud humana, el público general sabe poco sobre sus orígenes animales.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *